La relación oculta entre tus tarjetas de crédito y tu privacidad

La relación oculta entre tus tarjetas de crédito y tu privacidad

Imagínate que tienes los datos de todas las compras que han realizado millones de personas con su tarjeta de crédito. Sabes la hora, el lugar, la cantidad, donde, y qué han comprado (todas las operaciones  con tarjeta de crédito llevan un código de categoría comercial asignado, un número de cuatro dígitos que indica a que servicio corresponde el cargo, incluso aquellas empresas que venden  productos “sensibles”, como un sexshop, y que prometen disimular el extracto con palabras poco descriptivas como “complementos de moda”, tienen su código de categoría comercial, por lo que las tarjeta de crédito sabrán la verdad).  Gracias a estos datos, en 2002, un directivo de Canadian Tire, descubrió que las personas que compran medidores de monóxido de carbono, igual que los que adquieren esas pequeñas almohadillas que evitan que las patas de los muebles rayen el suelo, casi nunca se retrasan en sus pagos. También descubrió que una persona que compra un accesorio de coche con una calavera de cromo, “era bastante probable que no pudiera pagar lo que debía”.

Muchas empresas de crédito tienen programas encargados de detectar comportamientos que sean indicadores de futuros impagos. Comportamientos como consultar el saldo durante la madrugada, lo que puede expresar angustia por la situación financiera, o pagar una cantidad de dinero considerable con una tarjeta que casi nunca utilizamos, o comenzar a utilizar la tarjeta para comprar productos esenciales como comida y medicamentos.  American Express reconoció haber utilizado estos indicadores a la hora de decidir la cantidad de crédito que concedían a una persona, ante las críticas anunció que habían suspendido esas prácticas.

Las tarjetas de fidelidad son otra de las herramientas que las empresas y grandes comerciantes utilizan para “espiarnos”.  Cuando aceptamos una  tarjeta de fidelidad, damos nuestro consentimiento para que el comerciante recopile información sobre nosotros, nuestros hábitos y nuestros intereses,  y para que pueda utilizar todos estos datos para vendernos más, que es el objetivo último de toda empresa, hundir nuestra economía.

Las nuevas generaciones desconocen el significado de la privacidad, pasan horas y horas revelando datos sobre ellos en las redes sociales, compartiendo sus fotos en Instagram, su ubicación en Foursquare, sus pensamientos en Twitter, su vida social en Facebook… asumámoslo, la privacidad en el siglo de las telecomunicaciones es un bien en extinción, los adolescentes de hoy en día no sienten ninguna preocupación por ella, han crecido en un universo donde todo se comparte y todo se sabe con sólo hacer un click. El llamado “Internet 2.0”, ha supuesto una de las mayores transformaciones sociales de la historia. Un ejemplo ha sido la “primavera árabe”, Internet hace tiempo que dejó de ser un “mundo virtual” para convertirse en un espacio más de la vida donde evoluciona la sociedad global en que nos estamos convirtiendo.

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