¿Puede una persona ser objetiva?

subjetividad

La probabilidad de acertar los seis números de la lotería primitiva, es de 1 entre 13.983.816, con lo que deberíamos jugar durante 134.459 años, dos días por semana, para que nos tocase una vez. Esa es la probabilidad objetiva. Ahora imagine un padre que necesita el dinero para pagar el tratamiento para la grave enfermedad de su hijo. Quizá para ese padre la probabilidad sea de una entre cien mil, comprará el boleto pensando en que necesita el dinero para una buena causa, y por ello es más probable que acierte los seis números. Las matemáticas no tienen en cuenta las emociones, nosotros sí, cuando compramos un boleto lo hacemos pensando en la probabilidad de que nos toque a nosotros, nos basamos en una probabilidad subjetiva.

Filtramos la información que recibimos de nuestro entorno para ver aquello que queremos ver, vemos aquello que confirma nuestras expectativas. Una mujer embarazada verá mujeres embarazadas, lo hará porque se fija en ello y antes no lo hacía. Esto lo saben la mayoría de las personas, pero ante la pregunta de si una persona puede ser objetiva, muchos contestarán que sí, que si lo son. Tenemos resistencia a aceptar nuestra subjetividad, sin embargo, somos subjetivos, tomamos las decisiones con nuestras emociones y no con la razón, y ni siquiera percibimos el mundo cómo es, sino que lo vemos en función de nuestras creencias y expectativas. Por ejemplo, si digo que voy a presentarte a Manolito, un amigo muy simpático, tú predisposición será diferente a si digo que voy a presentarte a Manolito, alguien que no me cae muy bien porque es una persona desagradable. En el primer caso saludarás a mi amigo con una sonrisa y buscarás gestos en Manolito que confirmen su simpatía, en el segundo tu sonrisa no será tan amplia, y buscarás gestos que confirmen su antipatía. Seguramente termines por confirmar cualquiera de las dos teorías, porque es lo que estás buscando. Sobre la importancia de las expectativas ya he escrito en el post sobre el efecto Pigmalión.

Es muy difícil cambiar nuestra subjetividad, tenemos sesgos perceptivos y distorsiones cognitivas que nos lo impiden, lo que si podemos hacer es ser conscientes de ello. Tratar de ponernos en el lugar de los demás, entender que lo que la otra persona siente y ve, no tiene por qué ser lo que nosotros vemos y sentimos. A veces es necesario revisar nuestras creencias, cambiar algún pequeño gesto, no tener miedo a descubrir que llevamos años equivocados en algo, al fin y al cabo, nuestra objetividad es muy limitada.

“El cambio es la única cosa inmutable.”
Arthur Schopenhauer

Comentarios

  1. Si bien ejemplo de subjectividad es esta nueva entrada en el blog en si misma. En mi opinion cuanto mas adulta es una persona mas objetiva se vuelve. En el mundo de los negocios la objetividad prima dia a dia, no es lo mismo casi vender que vender de verdad. Las cifras de costes y produccion y la fecha de entrega de proyecto son importantisimas ende mas dificil de subjetivizar. Lo mismo con las relaciones interpersonales, a lo que me comentas “que si te presento a fulano que es muy simpatico”, para mi es evidente que esa persona tiene algun interes, con lo que si o si tendré que fingir mi cortesia.

    No pares.

  2. Gracias por tu comentario Compos. Comparto lo que dices sobre que a medida que nos hacemos adultos, nos volvemos más objetivos, pero no por ello dejamos de ser subjetivos. Tal como lo veo, en el mundo de los negocios las personas con su subjetividad se ven enfrentadas a datos objetivos, a resultados. Por ejemplo, una persona creyó que Segway sería un éxito, ahora, una vez enfrentada a los resultados, debe admitir su fracaso.

    El problema es que no podemos procesar toda la información que recibimos del entorno, y lo que recibimos incluye demasiados sesgos. En mi opinión, si somos conscientes de ello, avanzaremos dos pasos a la hora de conseguir la “objetividad”.

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