Mi último post antes de que se acabe el mundo

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Mañana quizá se acabe el mundo, así que ya que puede que sea mi último post, me gustaría hacer una reflexión sobre lo que he ido aprendiendo a lo largo de estos casi 27 años.

Lo primero que aprendí es que por nacer todos somos triunfadores, somos ese único espermatozoide entre 500 millones que consiguió fecundar el óvulo. ¿Dónde quedan los actuales ratios de las oposiciones al lado de esto?  A medida que fui creciendo aprendí que ser una persona es una tarea compleja. Si fuese una gacela de África mi misión al despertarme a las siete de la mañana sería correr más que el león más rápido o perecer. Si fuese un león, sabría que mi misión es correr más que la gacela más lenta o perecer de hambre. Pero nací persona, y  hay mañanas en las que no tengo claro cual es mi misión. No sé si sólo me pasa a mí o le sucede a todo el mundo. Tengo claro que debo sobrevivir, pero… ¿hacia donde correr?

A lo largo de estos años he conocido personas maravillosas, he vivido momentos muy felices, y otros que no fueron tan buenos, pero aquí sigo, eso ya es un triunfo.  Es cierto aquello que dijo la escritora George Sand de que “las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir”.  Al hacerte mayor aprendes que habrá quien te mienta, pero también en quien puedas confiar. Aprender es otra de esas paradojas de la vida, a medida que acumulamos más conocimientos, las cosas no se vuelven más comprensibles, sino más misteriosas. De pequeño tenía claro muchas cosas, que el ratoncito Pérez cambiaba dientes por billetes de mil pesetas, que Papa Noel siempre traía regalos por Navidad, y que si te rompías un hueso dolía bastante pero podías presumir durante un mes. Esa fue la famosa lección de que el que algo quiere, algo le cuesta. Ser el rey del patio tenía precio.

 Pasan los años, creces, una buena mañana suena el despertador y resulta que ya eres adulto. ¡y todavía no sabes hacia donde correr! Esa mañana decides quedarte un poco más en cama, porque vives en un país con un 25% de paro, y tú estás ahí, en el 25, pensando que sería más fácil si fueses una gacela o un león de África. Desayunas viendo ese documental de la dos, donde descubres que lo de ser una gacela no es tan fácil como habías imaginado, y vivir en África mucho menos. De pronto recuerdas que es 20 de diciembre, y que al día siguiente se acabará el mundo, al menos, eso dicen, aunque tú ya sobreviviste al efecto 2000, así que ¿Por qué no sobrevivir al 21 de diciembre de 2012? Mañana os cuento, 😉

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